10 julio 2023

Málaga - Oviedo

Primera carta desde la basílica del Aeropuerto. Primera parada: Oviedo 


La noche del domingo 9 de Julio se presentó tan placentera como previsible. Y eso es decir mucho de una rutina que por más que se ejecute, siempre acaba con el abrazo y la cara de satisfacción de los dos cómplices del robo, que antes de caer la noche planearon el atraco al banco del amor y la felicidad.


Exhaustos ante la ingesta de toda la recompensa, la pareja se tumbó en la cama sin pensar que el día de mañana ya acontecería con más aventura de la que cabría esperar en un principio.


Antes de las 11 los dos cuerpos se saludaron antes de que sonara la alarma, confabulados ya desde el inicio del día, tramando que nuevo pillaje hacerle a la vida en Oviedo.


Pero como no hay buenas aventuras sin peligro, pronto se enfrentarían al primer escollo. El Dios -aún sin nombre- de la envidia, desde su Olimpo, intentó hacerle fallida a la pareja todo su viaje, ya que una vez en el aeropuerto, consiguió sabotear el sistema de avisos de los monitores, provocando así que la pareja de la eterna sonrisa («la vida nos sonríe») perdieran el vuelo. 



Con lo que no contaban los dioses es con la resiliencia con la cual nuestros osa-2 -que en menos de unos minutos- encontraron con diligencia la única opción que les permitiría llegar a Oviedo vía Madrid, dejando de paso el coche bien aparcado de vuelta en casa. 


El regocijo seguía apoderando esos cuerpos que jugaban continuamente con burlar al destino y pronto alcanzaron el ansiado destino de Oviedo, donde hace menos de un día se presuponía que iba a empezar la aventura.


Cerca de la catedral disfrutaron de las primeras fabes y la desdicha era tal que las arpías de los dioses debieron maldecir la suerte que siempre les acompañaba, por lo que decidieron enviar las mejores de las nubes con tal de enfriar las almas de nuestros aventurados, que prestos al encuentro del frío, le agradecieron a todos los santos la oportunidad de poder cobijar sus cuerpos con algo de abrigo, ya que desde hacía unos meses anhelaban la sensación de sentir entre sus brazos algo de fresco. 






Así pues, la fresca noche los recibió en una habitación caldeada con calefacción central y unas sábanas de lino. Y solo les quedó el dormitar.


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