12 julio 2023

Grado - Sala

 Tercera carta del cordero eco y lógico de Dios a sus peregrinos durante la etapa: Grado-Salas


La mañana despertó con el nervio de ver que dos cafés y dos bocatas de York y jamón bien costaron 14€. Cuál cómic dónde Filemón increpa con mil grafías a Mortadelo, JoséAn reprochó las exquisiteces al paladar de nuestro coyote madrileño. Momento de discordia pretendida mientras nuestros aventureros inciaban la que sería -sin dudas- la mayor escalada de pendiente espacio/tiempo vivida por los dos (Nota posterior: angelitos... no les quedarían cuestas por subir...) .


5 km les demostró que una subida se podría mostrar infinita ante la ojiplática mirada de los senderistas. Las energías fluían de las nuevas sensaciones que despertaban el querer seguir avanzando y experimentar al menos tanto como el día anterior. En primer lugar, el sentido de la vista revelaba un continuo devenir de granjas en perfecto estado con sus minifundios y arquitecturas que solo le son propias a las granjas de Asturias.




JoseAn pensó que la arquitectura principal en esta zona de España han de ser los Hórreos asturianos, que se mostraban sin excepción con una doble planta. La baja está formada por piedra o ladrillo, donde se puede resguardar al ganado, y la segunda planta, hecha de madera, tiene la función de resguardar el arroz y los productos de la huerta recién recolectados en los campos. Este almacén queda rodeado por un pasillo rectangular exterior que permite acceder en determinados puntos al interior y que visto desde fuera le confiere el aspecto de un largo balcón. El detalle que aporta mayor originalidad a la estructura es la de saber que sobre la primera planta reposan sobre las cuatro esquinas piedras con formas piramidales y sobre las cuales se apoya la planta superior de madera, conformando una zona libre y bien separada, creando así la imposibilidad de cualquier roedor o depredador tenga la opción de escalar desde el suelo a la segunda planta. 


Por un momento, nuestros dos protagonistas creen estar dentro de un libro llamado El Señor de los Asturianos. Caminando a través de la hermosa región, al paso de cualquier hogar pequeño pueblo de la comarca, se maravillan al ver un hórreo típico.




JoseAn, con su mirada curiosa, se acerca al hórreo y examina su arquitectura única. JoseRa, siempre atento, sigue a su amigo y observa con interés mientras el primero estudia el diseño y los detalles del hórreo asturiano.


"Tete, ¿qué crees que se almacena en este extraño edificio?" pregunta JoseAn, intrigado.


JoseRa sonríe y responde: "Tete, en estas tierras, los hórreos se utilizan para almacenar el arroz. Protegen los alimentos de la humedad y los roedores".


JoseAn asiente con la cabeza, impresionado por la sabiduría de su amado. "Es un ingenioso sistema de almacenamiento, cariño. Me pregunto porqué los asturianos siguen manteniendo esta estructura en las nuevas viviendas".


Ambos continúan su camino, dejando atrás uno más de los hórreos asturianos, pero llevando consigo la inspiración de la cultura y la arquitectura local. A medida que avanzan en su viaje, se dan cuenta de que cada lugar tiene su encanto y lecciones que aprender, más aún fuera de su Andalucía querida.


Y así, los Tetes siguieron su aventura, ansiosos por descubrir más maravillas en su camino.




Este segundo día sería todo un reto por intentar retener todas los paisajes, por degustar los sabores de las moras, higos y otros frutales que le robaban a campos que nunca serían arados, también por recordar las n-ésimos tipos de flores olfateadas, como las gardenias, rosas y margaritas. 


Todo ese vergel sería apenas la primera descripción de un insistente verde primaveral , propio de zonas tropicales y de humedales a los cuales se abrían paso saltando las piedrecitas de las zonas fangosas, acompañados en su mayor parte del tiempo por el discurrir, en paralelo a la senda, de un riachuelo tan lleno de vida como determinado por continuar río abajo.




Solo 3 km le separaban de su destino de hoy: Salas, cuando, aún inseguros de saber su localización exacta, los amantes de la luz decidieron hacer un alto en el camino para tomar una clara en un hermosísimo albergue que jugueteaba con la idea de ser la residencia de verano de un alto burgués con gusto por la decoración rural. Espacios diáfanos y con un césped cuidado al detalle le dieron la bienvenida, permitiéndoles acceder a un patio de sofás hechos a mano, sillas colgantes hechas con cuerdas y un ambiente de tranquilidad adictiva. Los Tetes no se imaginaron semejante estación de Boxes en Casazorrina y, pensando que solo tomarían un refrigerio, acabaron almorzando entre girasoles, gramineas y varias sidras naturales bien escanciadas por la ya menos torpe experiencia de JoseRa. 





Decidieron que un momento de placer tan pecaminoso por su claridad no podía tomarse con prisas y pospusieron la media hora restante de sus 22 km para así adentrarse en Salas sobre las 17:30.




El pueblo, de unos 1500 habitantes, recibía al peregrino entre muros medievales y con la amenaza de que en cualquier momento podría llover. Los amantes de la razón ya se sentían cansados y a la vez percibían menos cansancio por la mochila de la cotidianidad que traían desde Málaga. La política empezaba a quedar relegada a un plano esquivo más que secundario. El día dio para muchísimos temas y cada vez estos guardaban menos relación con los titulares de los periódicos digitales. La metamorfosis del ciudadano continuaba su transcurrir sin ser advertido. Los Tetes se alimentaban de la energía de la naturaleza y construían su capullo con los problemas de la cotidianidad que se desprendía de sus cuerpos como pieles muertas que no querían llevar más consigo. 


El camino De Santiago empezaba a crear su efecto. El camino iba de esto, y a los días, la pareja de los eternos cuidados sería capaz de definirlo. Por ahora eran felices con solo sentirlo.


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