15 julio 2023

Borres(?)- Berducedo

Quinta carta de JoseAn a la diosa Afrodita de la belleza. 


Borres(?)- Berducedo


Poco antes de las 8 José Antonio se levantó de la cama con la curiosidad de saber qué tiempo haría fuera. Al mirar a través de la ventana pudo contemplar un suelo mojado y una llovizna finísima, bajo un cielo completamente nublado, que impedía ver a Helios surcar los cielos.


La pareja inició el camino y en menos de 30 segundos decidieron equiparse con la chaqueta, visto que el viento venía frío. Pero aún así a los pocos pasos la llovizna arreció y agradecieron a su amiga Mila su disposición a dejarnos los chubasqueros, que muy bien diseñados, cubría al caminante con su mochila, confiriéndoles una apariencia algo tétrica, como cuasimodos recién salidos de Notre Dame.


El trayecto a Borres apenas les llevaría 30 minutos y de seguro que nunca olvidarán semejante paisaje: Un carril de tierra húmeda se abría paso protegiendo al transeúnte con las copas de los árboles, mientras que el flanco izquierdo quedaba libre para avistar los montes y prados de la zona, donde empezaba a intuirse a lo lejos que un conjunto de apenas 6 casitas sería el pretendido final de etapa de ayer. El clima y el azar les regaló un arcoíris tan nítido y cercano que de seguro les quedaría grabado en su retina del móvil y en su lista de top 3 paisajes de sus vidas. 


Llegaron motivados al inicio de un ascenso, el mayor de todo el camino, con fuerzas y mucha curiosidad, pues intentarían subir más de 600m de altitud en menos de 10km, llegando a la friolera de los 1250m. El inicio quedaba algo triste al ver que algunas hectáreas habían ardido no hace mucho tiempo. Los troncos permanecían calcinados pero el nuevo follaje de baja altura ya cubría la totalidad del suelo. La subida ofreció momentos de paisajes 5 estrellas porque caminaron sobre el zenit de cada momento y llegaban a tener paisaje de 360° sin obstáculos. 


La siguiente sorpresa del día sería descubrir que ¡no hacían el camino solos! Por fin encontraron un grupo de unos 15 alemanes que hacían trampas al santo, caminando en días alternos y yendo en taxi los demás días. 


El trayecto fue largo y de una dificultad nueva para ellos, pero el transcurrir por las ruinas de tres hospederías anteriores a la Edad Media les hacía pensar en la cantidad de historia que esas piedras atesoraban en silencio.  La única vida que continuamente les acompañaba era la de las vacas, que con insistencia se oponían a dejar de estar presentes durante todo el recorrido.


Hicieron una pausa entre dos puertos de montaña y un caballo negro en semilibertad jugaba con la idea de acercarse a nosotros sin ningún miedo. Al poco les inició otra llovizna y prestos decidieron avanzar para poder evitar la nube y el chubasquero. Y por suerte lo consiguieron.


Al finalizar la subida llegaba el punto más crítico de la etapa: bajar 400m de altitud en solo 2km. Los dos vivían con miedo la posibilidad de desgastar al extremo sus ya sentidas rodillas, por lo que cada uno ingenió una manera de hacerle menos daño a sus extremidades: JoseRa andaría manteniendo 45° grados de apertura entre las piernas mientras que a JoseAn le vendría mejor hacer mini pasos que no alejaran la rodilla de su eje vertical. 


En este recorrido, como a lo largo todas las etapas y a razón de una vez cada hora, la pareja de enamorados confesaban con la espontaneidad de un buen beso la gratitud que le daban a la vida por permitir compartir estas vivencias juntos.


Montefurado fue la población de paso que más les impactó. Es una pedanía de unas 8 casas perfectamente conservadas gracias a que son todas de piedra, a pesar de que solo un habitante mantenía ese paraje con vida. 


La última parte del día transcurrió con la idea cada vez más fuerte en JoseRa de que habían errado el camino, y no le faltaba fundamento, pues pasaron kilometros sin ver ni vieiras ni flechas amarillas. Pero por suerte no fue así y al tiempo alcanzaron la ciudad.


Llegaron al destino final -Berducedo- y en el bar Cafetín iniciaron una merienda de embutidos y muchas sidras, ya que hasta las 17:00 que llegaron no habían almorzado nada realmente calórico.


Las conversaciones empezaron a fluir y la llegada de peregrinos les hizo coincidir con dos peregrinos: un italiano -Simone- que es ingeniero informático y profesor como JoséAn y con una chica -Maria- cuya dejadez por la política sacaba a JoseRa en sus adentros de sus casillas, pues confesó que se olvidó de votar por correo. 


Sin hambre llegaron al "Hotel Araceli", donde una mujer más apática que un gato de escayola les serviría una cena increíble de pote de legumbres, carrillada y mucho vino con casera. Incluso tomaron postre por solo 11€ por persona.

Así que perdonaban con agrado el hastío de la encargada. 


Las habitaciones continuaban superándose a la de la noche anterior y eso ya era decir muchísimo. La de hoy era rural, con el elemento de la piedra como factor dominante y una cama tan mágica como la nube de Goku. Tan cómoda que hasta el sueño venció a JoseAn con el televisor encendido.  

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