15 julio 2023

Borres(?)- Berducedo

Quinta carta de JoseAn a la diosa Afrodita de la belleza. 


Borres(?)- Berducedo


Poco antes de las 8 José Antonio se levantó de la cama con la curiosidad de saber qué tiempo haría fuera. Al mirar a través de la ventana pudo contemplar un suelo mojado y una llovizna finísima, bajo un cielo completamente nublado, que impedía ver a Helios surcar los cielos.


La pareja inició el camino y en menos de 30 segundos decidieron equiparse con la chaqueta, visto que el viento venía frío. Pero aún así a los pocos pasos la llovizna arreció y agradecieron a su amiga Mila su disposición a dejarnos los chubasqueros, que muy bien diseñados, cubría al caminante con su mochila, confiriéndoles una apariencia algo tétrica, como cuasimodos recién salidos de Notre Dame.


El trayecto a Borres apenas les llevaría 30 minutos y de seguro que nunca olvidarán semejante paisaje: Un carril de tierra húmeda se abría paso protegiendo al transeúnte con las copas de los árboles, mientras que el flanco izquierdo quedaba libre para avistar los montes y prados de la zona, donde empezaba a intuirse a lo lejos que un conjunto de apenas 6 casitas sería el pretendido final de etapa de ayer. El clima y el azar les regaló un arcoíris tan nítido y cercano que de seguro les quedaría grabado en su retina del móvil y en su lista de top 3 paisajes de sus vidas. 


Llegaron motivados al inicio de un ascenso, el mayor de todo el camino, con fuerzas y mucha curiosidad, pues intentarían subir más de 600m de altitud en menos de 10km, llegando a la friolera de los 1250m. El inicio quedaba algo triste al ver que algunas hectáreas habían ardido no hace mucho tiempo. Los troncos permanecían calcinados pero el nuevo follaje de baja altura ya cubría la totalidad del suelo. La subida ofreció momentos de paisajes 5 estrellas porque caminaron sobre el zenit de cada momento y llegaban a tener paisaje de 360° sin obstáculos. 


La siguiente sorpresa del día sería descubrir que ¡no hacían el camino solos! Por fin encontraron un grupo de unos 15 alemanes que hacían trampas al santo, caminando en días alternos y yendo en taxi los demás días. 


El trayecto fue largo y de una dificultad nueva para ellos, pero el transcurrir por las ruinas de tres hospederías anteriores a la Edad Media les hacía pensar en la cantidad de historia que esas piedras atesoraban en silencio.  La única vida que continuamente les acompañaba era la de las vacas, que con insistencia se oponían a dejar de estar presentes durante todo el recorrido.


Hicieron una pausa entre dos puertos de montaña y un caballo negro en semilibertad jugaba con la idea de acercarse a nosotros sin ningún miedo. Al poco les inició otra llovizna y prestos decidieron avanzar para poder evitar la nube y el chubasquero. Y por suerte lo consiguieron.


Al finalizar la subida llegaba el punto más crítico de la etapa: bajar 400m de altitud en solo 2km. Los dos vivían con miedo la posibilidad de desgastar al extremo sus ya sentidas rodillas, por lo que cada uno ingenió una manera de hacerle menos daño a sus extremidades: JoseRa andaría manteniendo 45° grados de apertura entre las piernas mientras que a JoseAn le vendría mejor hacer mini pasos que no alejaran la rodilla de su eje vertical. 


En este recorrido, como a lo largo todas las etapas y a razón de una vez cada hora, la pareja de enamorados confesaban con la espontaneidad de un buen beso la gratitud que le daban a la vida por permitir compartir estas vivencias juntos.


Montefurado fue la población de paso que más les impactó. Es una pedanía de unas 8 casas perfectamente conservadas gracias a que son todas de piedra, a pesar de que solo un habitante mantenía ese paraje con vida. 


La última parte del día transcurrió con la idea cada vez más fuerte en JoseRa de que habían errado el camino, y no le faltaba fundamento, pues pasaron kilometros sin ver ni vieiras ni flechas amarillas. Pero por suerte no fue así y al tiempo alcanzaron la ciudad.


Llegaron al destino final -Berducedo- y en el bar Cafetín iniciaron una merienda de embutidos y muchas sidras, ya que hasta las 17:00 que llegaron no habían almorzado nada realmente calórico.


Las conversaciones empezaron a fluir y la llegada de peregrinos les hizo coincidir con dos peregrinos: un italiano -Simone- que es ingeniero informático y profesor como JoséAn y con una chica -Maria- cuya dejadez por la política sacaba a JoseRa en sus adentros de sus casillas, pues confesó que se olvidó de votar por correo. 


Sin hambre llegaron al "Hotel Araceli", donde una mujer más apática que un gato de escayola les serviría una cena increíble de pote de legumbres, carrillada y mucho vino con casera. Incluso tomaron postre por solo 11€ por persona.

Así que perdonaban con agrado el hastío de la encargada. 


Las habitaciones continuaban superándose a la de la noche anterior y eso ya era decir muchísimo. La de hoy era rural, con el elemento de la piedra como factor dominante y una cama tan mágica como la nube de Goku. Tan cómoda que hasta el sueño venció a JoseAn con el televisor encendido.  

14 julio 2023

Tineo - Borres

Cuarta carta del apóstol de lo imposible a sus feligreses


Etapa 5: Tineo - Borres (?)

16 km - 4h


La mañana se fraguó similar a la anterior, con la salvedad de que la cocina del apartamento invitaba a huir de ella, visto el estado de las sartenes aún sin lavar y que presidían las fogatas de la cocina, cuán vencedoras de una batalla contra alguna comida ultraprocesada que las obligaba a permanecer bañadas en agua durante días. 


José Antonio fue el primero, como de costumbre, en despertar y en avistar semejante cocina. Intentó concentrarse en sus mensajes del móvil mientras desayunaba para así obviar semejante habitáculo, más propio de piso de alquiler vacacional a precio de hostel,  que a cocina de aparthotel. Aún así, lavó dos cuencos y en ellos preparó unos ricos cereales proteicos bañados en fresco kéfir que les daría -con seguridad- la energía necesaria y los cuidados probióticos para arrancar la mañana con fuerzas. 


JoseRa fue más listo y agarró el cuenco con premura a la vez que se alejaba raudo por pasillo -profiriendo que esa cocina no le merecía y razón llevaba- pues además hasta el momento ninguna habitación igualaba las vistas que desde la amplia ventana se avistaban.


Imaginemos un prado de montes bajos, diferentes tipos de verde en cada colina (por el tipo de arbusto que la recorre) y pongámosle a su margen izquierda una casa de doble planta con muchas macetas en el exterior. A este cuadro pictórico solo le resta añadir una manada de vacas -con sus inseparables cencerros- para terminar de dibujar con detalle 4K la imagen que desde la ventana JoseRa contemplaba mientras desayunaba los cereales -que su chico con amor le había preparado-. JoseAn llegó tarde a la habitación y -aún ya acabado su ingesta- dijo en voz alta que esa vista se merecía contemplarla y sentirla aún sin tener almuerzo en mano como pretexto, por lo que se sentó inmóvil un par de minutos y le exigió con su mirada a su marido un beso y un par de caricias.



 


Estaba claro que si el camino se hace en pareja, estos momentos se tenían que revelar con cierta cotidianidad si la relación funcionaba. Y la de ellos iba viento en popa.


Antes de las 9:00 nuestros soles ya dispusieron del café en el bar de la tarde anterior y raudos iniciaron su camino a Borres cuesta arriba -como no- para salir de Tineo a un campo que les daba la bienvenida por un sendero de fábula más típico de unos dibujos Disney que de una realidad. En el ancho del camino se podía andar en paralelo. A esa hora tan temprana el sol entraba por los troncos de los árboles antes de llegar a las copas y estos hacían colas a lo largo de cada lado del camino, encima de muretes de piedra de mampostería que difícilmente superaba el medio metro. 









En alguna ocasión José Antonio preguntaba en alto el porqué de ese muro, si el camino ya quedaba claramente franqueado por los árboles a cada lado. Pero la respuesta no la sabían. Y posiblemente a día de hoy sigan sin saber su repuesta. 









El devenir del camino, que hoy se avisaba más corto de lo común, les hizo pasar por unos 15 minutos a través de una carretera comarcal que hacía ya muchos años dejó de cumplir el cometido de transportar coches por su paso. Rápidamente encontraron una nueva senda que les llevaría a un carril de tractor rodeados por lo que cualquier persona entendería que es un bosque. A mitad de camino pararon para comer un temtempie poco común para el caminante 1.0: de primero frutos secos eco y de segundo tortas de arroz bio con latas de caballa. El postre fue un plátano para cada uno. Y eso lo recuerda aún bien JoseAn porque su Tete le recriminó que no escondiera bien la cáscara que arrojó a los matojos. ¡Será orgánico, sí, pero no es gusto para la vista del transeúnte! le espetó con la rectitud más propia de Rotenmayer que de un marido. Pero JoseAn le dio la razón y aprendió lo que al otro le parecía algo básico.




Durante el avituallamiento vieron a una pareja de peregrinos que confesaron haber errado su sendero y que dieron por error con un monasterio abandonado. José Antonio no cabía en gozo ante tal misiva, pues desde hacía días jugaba con la idea de salirse del camino para poder visitar aquel monasterio abandonado del siglo XII. Convenció a su nene de que esa incursión merecía la pena y en menos de 800 m de camino les dio tiempo a saludar a una vaca curiosa en el sendero, que por sus movimientos de cabeza, pareciera que entendía las maneras humanas de saludar mientras que el pobre de JoseRa sufrió la rozadura en un brazo de las ortigas.





Mejor no explayarse en las impresiones de descubrir el claustro, habitáculos y el buen estado general en el que se encontraba el monasterio de Obona. Se respiraba campo religioso y el respeto de unas vidas que antaño se dedicaron en exclusiva a la fe solo dejaban margen a la alabanza interior por un sentido tan vocacional. 






Al poco continuaron su viaje y en menos de 15 minutos más volvieron a la senda marcada con vieiras amarillas. El paisaje seguía jugando con su fascinación y pronto alcanzaron prados infinitos, que serpenteaban entre el verde propio de la primavera y notas de amarillos más propios de julio. 


Al alcanzar otra comarcal JoseAn tuvo a bien avisar al alojamiento de Borres, pues llevaban 3h y media y el trayecto de hoy apenas les iba a dar para 4 km más.


Para sorpresa de los dos, ni el viento que enfureció en ese momento, les vino a ocultar que al dueño de la estancia no le constaba reserva alguna a su nombre. José Antonio -raudo- le dijo la hora y día de la llamada de la reserva, además del coste y condiciones del piso. En menos de 2 minutos su chico le avisaba con aspavientos y gestos de que esa llamada debía terminar si al final ese hombre no disponía de alojo para ellos. 


Así que, rápidamente las dos CPU intercambiaron las informaciones hasta entonces conocidas y prestas anunciaron el veredicto común: dormitar en el primer hotel posible que dispusiera de habitación privada. Así que, a 3km antes de Becerro, en la pedanía llamada Campiello, y habida cuenta de que en Borres no había habitaciones libres, escogieron por Anunciación Mariana el “hotel y albergue Herminia”. 


No pudieron creer que tal lujo de habitación, menú del día y precios de las bebidas costarán pecata minuta para la calidad del servicio prestado. Habitacion silenciosa, camas 3 estrellas y baño limpísimo que más valían los 40€ después del apuro sufrido una hora antes.


El disfrute de salir indemnes de tal atolladero les vino tan arriba, que las sidras concluyeron por primera vez en Nordes con tónica , y continuaron jugando con las palabras hasta bien vencido el día. 


13 julio 2023

Salas - Tineo

Tercera carta de los renacidos a los fariseos de la derecha 


Duración :20km - 5h


JoseRa ya avisó de que en esa pernoctación dormiría todo lo que el cuerpo le permitiera, en aras de darle sanación a los primeros signos físicos del camino. Su cuerpo le alertaba, sobre todo en su rodilla y en la cadera, de evidentes signos de desgaste provocados por las innumerables bajadas colina abajo que el camino Primitivo les presentaba continuamente a su paso. 


No en vano remarcaban que este camino no era apto para los padres de nuestra generación y con sinceridad pasmosa pudimos descubrir desde el primer día de que esta vivencia espiritual requeriría de un cuerpo bien entrenado.


JoseAn se despertó un momento antes que su chico y aprovechó para ser ratita de despensa y examinó los pequeños placeres gratuitos de un comedor común de albergue. Rápidamente consiguió prepararse café y consumir varias galletas María -que dando igual su fabricante- todas sabían igual. El comedor apenas se componía de una nevera, microondas y cafetera. Los enseres usados se debían de apilar dentro de una cubeta que regularmente sería revisada por el personal del albergue.


A las 8:00 ya se había bebido tres cortados, revisado el correo y hecho la palabra del día en su cifras y letras online.


Tocaba volver a la habitación y hacerle saber a su alter ego de que el día llamaba a la ventana con insistencia, tratando en cada minuto con más fuerza poder traspasarla. El truco estribaba en parecer que el otro se despertaba por decisión propia. Así pues, tras unos besos y abrazos cómplices, JoseRa se dispuso a vestirse, al mismo tiempo que confesaba que el descanso fue más reparador de lo previsto. 


A las 8:30 estaban iniciando el camino hacia Tineo. El trayecto se le antoja a JoseAn algo arriesgado. Serían 5h de continua subida de 600m durante 20km.


Por suerte dicho ascenso les dio la bienvenida al minuto uno con una perspectiva de bosque de techos altos donde los árboles de cada lado se abrazarían en sus copas para proteger al peregrino que caminara a su paso. El sonido de las primeras horas sería el constante fluir del río, que se exigía ser tratado como el tercer caminante del grupo, siempre en su continuo devenir a la derecha de nuestra pareja.


JoseAn sugirió salirse 500 metros del camino para conocer una cascada que bien mereció la pena, pues el paisaje se transformaba a su paso en un clima tropical mucho más húmedo donde los arbustos daban paso a los helechos y musgos propios de zonas de permanente humedad.




Para medio día llegaron a la Parroquia de El Pedregal, donde los Tetes vieron a una pareja sellar su credencial en la parroquia. JoseRa no dejaba de recordar las palabras de su amiga Milagros, que le venía a decir que en el camino encontraría más peregrinos que piedras por el camino. Sin embargo para ellos ver a otro viajero les suponía reconocer a otro ser vivo. El adjetivo “inteligente” ya dependería de a qué partido votara. A propósito, era el segundo día donde JoseRa no comentaba las últimas barbaridades de la derecha que cualquier otro día hubiera consumido en los periódicos digitales. El efecto Santiago ya estaba profundizando el ser de los protagonistas y solo les quedaba ceder ante la necesidad de desprenderse de los problemas cotidianos. 


De hecho, JoseAn referenció sin errar en que poco se tenía que fijar cada día para dar sus tareas diarias por realizadas. Ya no se piensa en lavadoras, limpiar el piso, ir a trabajar o incluso ir al gimnasio. Aquí todo se reducía en planear cuanta agua transportar y en donde hacer acopio de víveres. Sorprende aún a los días la constatación de lo poco que se requiere para avanzar. Desde la primera etapa llegaban al destino con 80% de batería y tras las 5-6 horas no consultaban ni por donde transitar en un mapa de Google. El abandono del capitalismo era tal que no se consultaba el coste de un menú para valorar su incidencia en el balance económico personal.


Una pequeña parada para una clara en la aldea típica de paso les hizo precisamente percatarse de que sus familiares y amigos requerían su momento de atención a través de las mal llamadas redes sociales. Maria se ofrecía para ayudar remotamente en tareas de asignación de días libres para JoseRa mientras JoseAn contestaba a los buenos días de amigos. Terminaron pronto la satisfactoria clara con la decepción de ver que ese bar no les ofreció ni unas tristes aceitunas. 


Pronto el camino les volvía a regalar paisaje. Una capilla de apenas 5 metros cuadrados les daba la bienvenida a una senda que ni a carril aspiraba a llegar. Las gardenias azules y blancas, como cabezas de grandes  y en grupos de 20 en 20 les saludaban invocando sobre esa ermita de piedra de mampostería algún Espíritu Santo.




El camino pronto les depararía multidud de paisajes de vacas en semilibertad. También es cierto que el olor intenso a heces de rumiantes les anunciaba alguna que otra vez la imagen menos deseable de lecheras de ganadería intensiva, donde presumiblemente se sabía que esas reces nunca pisaron el pasto inmenso y verde de Asturias. 


Las agujas del reloj aceleraban su paso por el Casio de JoseAn y le advertían de que llegarían a Tineo pasada la hora del almuerzo. Esto les cambió los planes y les obligó a  salirse del camino hasta 30 minutos con tal de localizar un restaurante del menú del día que una chica cuidadora de una parroquia les aconsejó visitar. 




El menú se presentó como una Anunciación de María: de primero pote de legumbres servido en olla para repetir cuanto se deseara. De segundo lubina y parrillada para repetir también hasta la extenuación, siempre acompañado de vino y cerveza. Junto con el postre y café sumarían 13,5€ por persona y créame el/la lector que más le pesaron los estómagos al caminar que los bolsillos por pagar. Durante el almuerzo nuestra pareja del amor no pararon de brindar por constatar que eran felices así, solo por estar. Jugaban con la idea de vivir un eterno peregrinar y JoseRa iniciaba el juego de insinuar que porqué no caminar cada verano, si lo mejor de andar es evitar la nueva ola de calor malagueña… y no le faltaba razón.


Desde las 15:00 horas que abandonaron el restaurante “La Dorada” solo les restaban 2 horas para llegar al destino. Pero los peligros del camino empezaron a mostrar sus colmillos cuando JoseRa empezó a aquejarse de una molestia en la rodilla, provocando que su velocidad se viera mermada para evitar un mayor daño. Por lo cual, retardaron una media hora su llegada a la -que desdichada casualidad- pueblo de cuestas y repechos llamado Tineo.


Eran apenas las 17:00 y la improvisada casa del dueño de un albergue les facilitó unas camas cómodas con unas vistas increíbles donde poder descansar una media hora después de una más que merecida ducha. Habida cuenta de que el dueño se ausentó con la intención de darnos algo de intimidad, JoseAn no vaciló un instante para hacer uso de la lavadora con un programa corto de 28 minutos. El suficiente -pensó- mientras que los dos se podrían duchar y reposar. 




Y así fue. Antes de las 18:00 nuestros amantes pasajeros renacieron con un descanso mínimo, un aseo completo y prendas limpias. Con ganas de visitar el centro de Tineo y huir al mismo tiempo de esa casa de cuéntame, cuidada por un hombre cis patriarcal de libro, cuyas dotes de limpieza alcanzaban el nivel de un estudiante universitario en su primer año de independencia.


La tarde se inauguró con un mal sabor de boca al encontrar en una ventana de la policía local dos carteles propagandísticos con los logos del PP y VOX. 


-«Policías sin complejos» musitó JoseRa. 

-«¡Pues habrá que reportarlo!» le respondió su pareja. 

-«Que una cosa es deducir de que pie cojean y otra es normalizar que un servicio público haga electoralismo sin complejos» continuaba Tete mientras capturaba el momento en una foto y lo movía por foros de Sumar. Este acto de poco le sirvió pero al menos se sintió con el deber hecho de denunciar semejante acto de parcialidad. 



Mientras proferían por tal atentado a sus convicciones, los Tetes llegaron a la plaza del pueblo. El lugar cumplía a rajatabla lo que se espera de un espacio amplio donde el pueblo se puede reunir enfrente de la casa consistorial de turno. No obstante había que reconocer que la limpieza y el orden hacían gala por su precencia y que el Ayuntamiento lucía una planta digna de autoridad, con una fachada en color verde oliva que le profería una moderna apariencia, sin perder su aspecto rural.



Se sentaron en la terraza del que de seguro sería el bar «centro» de aquel poblado y rápidamente se sumergieron en temáticas tan variadas como las relaciones familiares o las bondades del camino, a la par que las sidras se consumían como sí fueran agua en ebullición. De hecho, el alcohol proporcionó ese punto de creatividad propio del genio en sus adicciones y rápidamente pasaron del intercambio de palabras a la generación de textos, palabras que pudieran inmortalizar las vivencias que juntos sentían, experiencias de las que los dos se espantaban por condenar al olvido debido a la sobrecarga sensorial de vivencias diarias. 


Ambos coincidieron sin dubitación que un texto podría albergar y traer a la memoria más recuerdos que mil fotos. O al menos el máximo de 3 fotos que ellos alcanzaban a tomar cada día.


El resto del día hasta la hora de dormir carecía de mayor importancia. Fueron juntos al pisito y cenaron un piscolabis en la habitación. Morfeo y el dios del cansancio -que sigue pendiente de tener un nombre propio- hicieron su labor y en cuestión de minutos adormeció a la pareja de la sonrisa eterna y ahora también de estómagos bien satisfechos. 


Mañana les aguardarían más peripecias.


12 julio 2023

Grado - Sala

 Tercera carta del cordero eco y lógico de Dios a sus peregrinos durante la etapa: Grado-Salas


La mañana despertó con el nervio de ver que dos cafés y dos bocatas de York y jamón bien costaron 14€. Cuál cómic dónde Filemón increpa con mil grafías a Mortadelo, JoséAn reprochó las exquisiteces al paladar de nuestro coyote madrileño. Momento de discordia pretendida mientras nuestros aventureros inciaban la que sería -sin dudas- la mayor escalada de pendiente espacio/tiempo vivida por los dos (Nota posterior: angelitos... no les quedarían cuestas por subir...) .


5 km les demostró que una subida se podría mostrar infinita ante la ojiplática mirada de los senderistas. Las energías fluían de las nuevas sensaciones que despertaban el querer seguir avanzando y experimentar al menos tanto como el día anterior. En primer lugar, el sentido de la vista revelaba un continuo devenir de granjas en perfecto estado con sus minifundios y arquitecturas que solo le son propias a las granjas de Asturias.




JoseAn pensó que la arquitectura principal en esta zona de España han de ser los Hórreos asturianos, que se mostraban sin excepción con una doble planta. La baja está formada por piedra o ladrillo, donde se puede resguardar al ganado, y la segunda planta, hecha de madera, tiene la función de resguardar el arroz y los productos de la huerta recién recolectados en los campos. Este almacén queda rodeado por un pasillo rectangular exterior que permite acceder en determinados puntos al interior y que visto desde fuera le confiere el aspecto de un largo balcón. El detalle que aporta mayor originalidad a la estructura es la de saber que sobre la primera planta reposan sobre las cuatro esquinas piedras con formas piramidales y sobre las cuales se apoya la planta superior de madera, conformando una zona libre y bien separada, creando así la imposibilidad de cualquier roedor o depredador tenga la opción de escalar desde el suelo a la segunda planta. 


Por un momento, nuestros dos protagonistas creen estar dentro de un libro llamado El Señor de los Asturianos. Caminando a través de la hermosa región, al paso de cualquier hogar pequeño pueblo de la comarca, se maravillan al ver un hórreo típico.




JoseAn, con su mirada curiosa, se acerca al hórreo y examina su arquitectura única. JoseRa, siempre atento, sigue a su amigo y observa con interés mientras el primero estudia el diseño y los detalles del hórreo asturiano.


"Tete, ¿qué crees que se almacena en este extraño edificio?" pregunta JoseAn, intrigado.


JoseRa sonríe y responde: "Tete, en estas tierras, los hórreos se utilizan para almacenar el arroz. Protegen los alimentos de la humedad y los roedores".


JoseAn asiente con la cabeza, impresionado por la sabiduría de su amado. "Es un ingenioso sistema de almacenamiento, cariño. Me pregunto porqué los asturianos siguen manteniendo esta estructura en las nuevas viviendas".


Ambos continúan su camino, dejando atrás uno más de los hórreos asturianos, pero llevando consigo la inspiración de la cultura y la arquitectura local. A medida que avanzan en su viaje, se dan cuenta de que cada lugar tiene su encanto y lecciones que aprender, más aún fuera de su Andalucía querida.


Y así, los Tetes siguieron su aventura, ansiosos por descubrir más maravillas en su camino.




Este segundo día sería todo un reto por intentar retener todas los paisajes, por degustar los sabores de las moras, higos y otros frutales que le robaban a campos que nunca serían arados, también por recordar las n-ésimos tipos de flores olfateadas, como las gardenias, rosas y margaritas. 


Todo ese vergel sería apenas la primera descripción de un insistente verde primaveral , propio de zonas tropicales y de humedales a los cuales se abrían paso saltando las piedrecitas de las zonas fangosas, acompañados en su mayor parte del tiempo por el discurrir, en paralelo a la senda, de un riachuelo tan lleno de vida como determinado por continuar río abajo.




Solo 3 km le separaban de su destino de hoy: Salas, cuando, aún inseguros de saber su localización exacta, los amantes de la luz decidieron hacer un alto en el camino para tomar una clara en un hermosísimo albergue que jugueteaba con la idea de ser la residencia de verano de un alto burgués con gusto por la decoración rural. Espacios diáfanos y con un césped cuidado al detalle le dieron la bienvenida, permitiéndoles acceder a un patio de sofás hechos a mano, sillas colgantes hechas con cuerdas y un ambiente de tranquilidad adictiva. Los Tetes no se imaginaron semejante estación de Boxes en Casazorrina y, pensando que solo tomarían un refrigerio, acabaron almorzando entre girasoles, gramineas y varias sidras naturales bien escanciadas por la ya menos torpe experiencia de JoseRa. 





Decidieron que un momento de placer tan pecaminoso por su claridad no podía tomarse con prisas y pospusieron la media hora restante de sus 22 km para así adentrarse en Salas sobre las 17:30.




El pueblo, de unos 1500 habitantes, recibía al peregrino entre muros medievales y con la amenaza de que en cualquier momento podría llover. Los amantes de la razón ya se sentían cansados y a la vez percibían menos cansancio por la mochila de la cotidianidad que traían desde Málaga. La política empezaba a quedar relegada a un plano esquivo más que secundario. El día dio para muchísimos temas y cada vez estos guardaban menos relación con los titulares de los periódicos digitales. La metamorfosis del ciudadano continuaba su transcurrir sin ser advertido. Los Tetes se alimentaban de la energía de la naturaleza y construían su capullo con los problemas de la cotidianidad que se desprendía de sus cuerpos como pieles muertas que no querían llevar más consigo. 


El camino De Santiago empezaba a crear su efecto. El camino iba de esto, y a los días, la pareja de los eternos cuidados sería capaz de definirlo. Por ahora eran felices con solo sentirlo.